martes, 18 de enero de 2011

La importancia del deporte en la actualidad

las ligas son de mucha importancia porque a partir de sus deportes los países les dan reconocimiento a nivel mundial, ademas es una forma de entretenerse un rato viendo las maravillosas jugadas que se pueden hacer en ellas, hay jugadores que resaltan en todos las ligas. En las ligas podemos encontrar fútbol, baloncesto, baseball, entre otras.

El deporte constituye en l
.0a actualidad uno de los pasatiempos mundiales de mayor importancia, esto se observa en el aumento de participantes, en el tiempo y en el espacio que le dan los medios masivos de comunicación, así como en el impactante crecimiento de la industria deportiva.

Así también, ha alcanzado un papel predominante en las políticas gubernamentales tanto educativas como de salud. Esta transformación del deporte ha ido a la par de un desarrollo inusitado de conocimientos entorno a él. Un claro ejemplo es el desarrollo de grupos multidisciplinarios que realizan investigación.

Del estudio del fenómeno deportivo han surgido varios campos de investigación, entre los que se encuentra: el deporte como espectáculo, como experiencia lúdica y su relación con la salud mental.

El Centro de Educación Continua de Estudios Superiores del Deporte (CECESD), de la Dirección General de Actividades Deportivas y Recreativas (DGADyR) de la UNAM, tiene quince años de experiencia en actividades docentes en la formación de cuadros profesionales del deporte. Como resultado de los trabajos ahí realizados, se creó el Programa de Apoyo al Desarrollo Integral del Deportista Universitario (PADIDU) que mediante investigación e intervención con los equipos representativos de estudiantes de la UNAM, ha logrado detectar la problemática personal y cultural que estos enfrentan.

El objetivo de esta publicación es difundir la problemática relacionada directamente con la experiencia lúdica y el deporte estudiantil universitario en relación al deporte espectáculo. 

En esta publicación se tocarán los siguientes aspectos:
  • Implicaciones pedagógicas del mercantilismo de la actividad deportiva como producto de la pérdida del aspecto lúdico en la actividad física de los jóvenes universitarios.
  • Repercusiones psicológicas causadas por la manifestación del deporte espectáculo hacia la sociedad.

La UNESCO (1989) ha declarado que el deporte es la actividad específica de competición en la que se valora intensamente la práctica de ejercicios físicos con vistas a la obtención, por parte del individuo, del perfeccionamiento de las posibilidades morfofuncionales y psíquicas, conectadas con un record en la superación de sí mismo o de su adversario.

El deporte es un medio de ayudar a que el hombre encuentre y guarde su equilibrio, como un factor de expresión de la personalidad; atendiendo en definitiva a la armonía del ser.

Es una actividad humana determinada por el concurso de tres factores ricos en cuanto a su valor psicológico: juego, movimiento y agonismo.

El deporte como fundación social va aumentando su significación y absorbiendo cada vez un campo mayor.

Competiciones de destreza, fuerza y resistencia han desempeñado su papel desde siempre en toda cultura, ya sea en conexión con el culto, o tan sólo como juego de muchachos o como diversión.

Durante la edad media la sociedad feudal prestaba un especial interés sólo para el torneo como una fuerte dramatización aristocrática cumpliendo con una función teatral. Estrictamente un torneo en la Edad Media no reunía las características de deporte como en la actualidad.

El ideal pedagógico del humanismo, lo mismo que el riguroso ideal moral de la reforma y la contrarreforma, eran poco propicios para reconocer el juego y el ejercicio corporal como valores culturales. Hasta el siglo XVIII no se nota que hayan ocupado otro lugar en la vida.

Las formas capitales de los enfrentamientos deportivos, son por naturaleza constantes y antiquísimas.

El desarrollo en el deporte, a partir del último cuarto del siglo XIX, nos indica que el juego se concibe cada vez con mayor seriedad.

Las reglas se hacen cada vez más rigurosas y se elaboran más al detalle. Las performances son cada vez más altas, (palabra emparentada con el antiguo francés “perfournir” que significa consumar, Cagigal dice: “lograr una performance es obtener aquello que se espera de uno, es realizarse en su plenitud”).
El deporte como “performance” es esfuerzo de una persona, en una colectividad, por realizar una libertad en la gracia física e intelectual. Con esta creciente sistematización y disciplina del juego, se pierde a la larga de su puro contenido lúdico; esto se manifiesta en la distinción de los jugadores en profesionales y aficionados. 

El moderno concepto del deporte es distinto del antiguo, la diferencia radica en el sentido ético-religioso que tenía en la antigüedad, frente al práctico de hoy. Modernamente ha adquirido un nuevo enfoque: sirve al cuerpo y a la mente, hay una valoración práctica y profesional, se ha venido a constituir un modo de ser. El grupo interesado en el juego hace a un lado a aquellas para lo que el juego ya no es juego y a aquellos otros que, a pesar de su gran capacidad, se encuentran por debajo de los auténticos jugadores. La actitud del jugador profesional no es ya la auténtica actitud lúdica, pues están ausentes en ella lo espontáneo y lo despreocupado. El deporte se va alejando cada vez más en la sociedad moderna de la pura esfera del juego, y se va convirtiendo en un elemento sui géneris: ya no es juego y sin embargo, tampoco es algo serio. En la vida social actual el deporte afirma su lugar junto al proceso cultural propiamente dicho y éste tiene lugar fuera de aquel. En las culturas arcaicas las competiciones formaban parte de las fiestas sagradas, eran imprescindibles en calidad de acciones de efectos santos y salvadores; esta conexión con el culto ha desaparecido por completo en el deporte moderno: el deporte no tiene ningún carácter sacro ni ningún vínculo orgánico con la estructura de la sociedad aún en el caso en que un gobierno obligue a su práctica.
“Es más bien una manifestación autónoma de instintos agonales que un factor de un sentido social fecundo” (Huizinga 1972).

La perfección con que la moderna técnica social incrementa el efecto exterior de las demostraciones de masas, no consigue por ello que ni las olimpiadas ni las organizaciones deportivas de las universidades, por ejemplo las norteamericanas, ni los campeonatos internacionales, que gozan de tan buena propaganda se conviertan en alguna actividad creadora de cultura. Continúan siendo, por mucha importancia que revista para los participantes y los espectadores, una función estéril en la que se han extinguido, en gran parte, el viejo factor lúdico.

Esta concepción se opone directamente a la opinión corriente según la cual el deporte representaría en nuestra cultura el elemento lúdico en su grado máximo. Pero en modo alguno se puede decir esto del deporte, que ha consumido, por el contrario, lo mejor de su contenido lúdico. El juego se ha hecho demasiado serio, y el estado de ánimo propio del juego ha desaparecido más o menos de él. Merece observarse que este desplazamiento hacia el lado de lo serio ha afectado a los juegos no atléticos, en especial a aquellos juegos dónde el cálculo mental lo es todo, como sucede en el ajedrez.

El ideal de la antigua Grecia de que los atletas lograran el triunfo mediante su propio esfuerzo, se refería a conseguirlo con sus propias capacidades atléticas naturales, sin recurrir a procedimientos por lo que obtuvieran ventajas injustas. Sin embargo, eso no excluía la dedicación a un entrenamiento constante y el aprendizaje de nuevas estrategias para el dominio de su deporte, bajo la dirección de expertos, equiparables a los entrenadores modernos.

En la actualidad los deportistas de élite están aprendiendo a mejorar sus capacidades atléticas con técnicas que van más allá del entrenamiento ordinario para conseguir ventajas justas sobre sus competidores. Científicos deportivos como especialistas en nutrición, fisiólogos, biomecánicos, farmacólogos y psicólogos han realizado numerosas investigaciones para mejorar el rendimiento en el deporte. (Lorenzo. 1992).

En la actualidad en el deporte lo más importante es ganar, la posición de los deportistas, entrenadores, administrativos y directivos dentro de la estructura deportiva depende de los récords ganados y perdidos; el hecho de perder lleva a los participantes a un sentimiento de despersonalización.

Los deportes ya no son tan voluntarios como fueron en el pasado, ahora el deportista los adopta como una tarea, el carácter lúdico ha experimentado un cambio aparente con el profesionalismo que diseña unas metas calculadas sobre posibilidades de un trabajo y un esfuerzo al límite, pero aún aquí el deportista tiene que sentirse a gusto con lo que hace y esto está relacionado con el entretenimiento.

Dentro del deporte profesional, las organizaciones encargadas de ésta, deben prever todo lo que se refiere al escenario, los equipos, los jueces, y sobre todo el tema del público que interviene en el encuentro deportivo; ya que este tiene un peso específico en la celebración de este tipo de actos, pues su desembolso y el sentimiento de apoyo y ánimo son los pilares sobre los que se sostiene el deporte en un nivel profesional. Por lo tanto, el deporte funciona como vía de escape de las tensiones y energías posicionadas en el interior de las personas, y fundamentalmente son las proyecciones de esas fuerzas de aliento, ánimo, gritos, pasión, júbilo, las que mantienen un carácter vivo en el deporte espectáculo.

Aquí la importancia que ejercen los medios de comunicación sobre el deporte en general y especialmente en su vertiente profesional, es muy grande puesto que lo consolidan como un acontecimiento de masas. Esto ocurre en primer lugar porque existe una demanda de espacios dedicados al deporte y en segundo término porque suponen un cultivo idóneo para obtener reportajes, noticias o comentarios y así llenar los espacios informativos.


Por lo tanto los medios de comunicación pueden realzar o aminorar la importancia que la gente da a los eventos deportivos, esto tiene repercusiones en el deportista ya que es producto de sus acciones y son estas las que ejercen de árbitros sobre su determinación social formando un caparazón que vincula actitudes, necesidades, referencias, potencialidades, aptitudes, etc, por lo que los medios de comunicación incorporan nuevos valores al individuo (fama, popularidad, relaciones sociales) pero que exigen un precio: resultados deportivos, comentarios, disminución de la intimidad.

Conviene destacar el poder que tiene los medios de comunicación como pilares para formación, mejora, mantenimiento y distribución de la actualidad deportiva y de las ofertas posibles de practicar o de experimentación para la población general.

Algunas personas actúan como especuladores del deporte sin darle una mayor importancia a los deportistas, centrándose principalmente en marcas, récords, victorias y títulos que protegen y enardecen una forma de pensar y de actuar a cualquier precio a costa del raciocinio humano. De ahí la importancia que el deportista tenga que estar comparado primeramente por él mismo con un conocimiento claro de lo que hace, pero también por profesionales competentes que desarrollen un seguimiento de su trayectoria personal y del deporte para incidir en los aspectos más humanos que no pueden ni deben perderse.

En el profesionalismo imperan los intereses de logros y triunfos por encima de las personas; no hay tiempo para considerar al individuo como tal, solamente es un producto que puede manipularse con base en el constructo subjetivo y superficial de la victoria.

El tiempo y el deporte son dos elementos que generalmente circulan en sentido opuesto dentro de una línea común: se trata de reducir el tiempo empleado en un ejercicio, de llevar a cabo más cosas en el menor tiempo posible, por ejemplo los récords, las plusmarcas, etc; todo es una carrera contra el tiempo, una imagen de la sociedad en la que nos encontramos.

“En nuestra cultura, la herencia de rango y riqueza, desempeña por cierto gran papel, pero dado que el individuo debe alcanzar el poderío, la fama y la fortuna mediante sus propios esfuerzos, entrará en competencia con el prójimo. Desde su centro económico, la competencia irradia hacia las otras actividades, también satura el amor, las relaciones sociales y las diversiones. Por lo tanto la competencia constituye un problema universal que afecta nuestra cultura y no es sorprendente que sea un núcleo indefectible de conflictos neuróticos”(Horney).



Dado el ritmo de vida acelerado, cuyos componentes son la rapidez, el triunfo y el trabajo, los problemas corrientes pasan a reprimirse y almacenarse en el interior del individuo, formando una problemática que al adquirir una intensidad considerable nos permite hablar de un desequilibrio psicológico de la personalidad; incluso la misma atmósfera donde se desenvuelve el individuo puede ser la responsable de la tensión, el ruido, la contaminación, los problemas de inseguridad ciudadana, los conflictos vecinales, la multitud en las calles o en los servicios públicos; todo ello puede crear un estado de estrés en las personalidades que no posean defensas adecuadas para soportar tales situaciones.

“Si enfocamos nuestra atención sobre los trastornos neuróticos actuales, reconoceremos que las neurosis no son engendradas únicamente por experiencias accidentales del individuo, sino también, por las condiciones específicas de la cultura en la que vivimos.” (Horney)

La salud mental nos permite:
“Estar libres, en lo máximo posible de sentimientos destructivos que van en detrimento de la persona, tales como la envidia, avaricia, corrupción en cualquiera de sus formas, tendencia a devaluar o menospreciar a los demás, competitividad irracional, autodesprecio o subestimación personal, explotación material o afectiva de nuestros semejantes.”

“La capacidad de expresar libremente nuestras emociones de manera asertiva (respetuosa, directa y honesta) con los demás.” (Escandón, Roberto)

La pregunta a plantearse es: ¿Cuáles son las repercusiones a mediano plazo de que se pierda el disfrute de la actividad como consecuencia del mercantilismo en el deporte espectáculo?

En nuestra intervención en diferentes deportes estudiantiles representativos de la UNAM de 1999 a 2002, hemos podido detectar con claridad el impacto que tiene el deporte profesional en el desarrollo del autoconcepto deportivo estudiantil. Esto tiene como consecuencia:

  • Confusión en la identidad de los jugadores con la institución y con México
  • Baja autoestima
  • Falta de control emocional
  • Ausencia de habilidades asertivas hacia la competencia
  • Vaguedad en cuanto al proyecto deportivo-académico de cada jugador
  • Imposibilidad de aceptar concientemente su responsabilidad como integrantes de una Institución Educativa Pública.
  • Confusión en la visión vocacional en lo personal
  • Falta de límites hacia todo lo que signifique “autoridad”
  • Poca tolerancia a la frustración buscando resultados rápidos y tangibles, con el mínimo esfuerzo
  • Incertidumbre en el proyecto académico y de vida

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